Cuando creí que la soledad era estar solo… me encontré a mi mismo.

Cuando me odié por tener vida, aprendí a vivir.

Cuando pensaba que mi paz estaba en la muerte, comprendí que ya había muerto.

Cuando culpaba a todos y a todo por lo que me ocurría comprendí que todo aquello solamente era una manifestación de mi propio sentir.

Cuando buscaba desesperadamente ser amado, reconocí que no podía buscar fuera lo que yo mismo no me podía dar.

Cuando me sentía victima de las circunstancias y justificaba mi actuar y sentir por las injusticias de la vida, comprendí que solo era victima de mis sentimientos.

Cuando en medio del dolor, la desesperación, la angustia y la desolación… en ese estado donde la locura se cruza con la consciencia misma, me aquiete, deje sangrar tranquilo a mi corazón, sin pretender encontrar respuestas lógica para tanto dolor, sin buscar soluciones, cuando me dediqué solo a respirar y me conecte con mi ser, cuando simplemente comencé a vivir el día, el momento, el instante…

¡¡COMPRENDÍ QUE TANTO LOS CONFLICTOS COMO LAS SOLUCIONES ESTABAN DENTRO DE MI!!