«Podríamos decir que el cuerpo es el inconsciente, y por eso, cuando cuidamos de nuestro cuerpo, cuidamos de nuestra mente inconsciente,y cuando cuidamos de nuestra mente inconsciente, también cuidamos de nuestro cuerpo».

El sistema inmunológico nos defiende de todas las agresiones que proceden del exterior, es un guardián que pone freno a las infecciones que tratan de atacar a nuestro organismo. La Neurociencia ha desarrollado investigaciones en las últimas décadas que revelan que, tanto el sistema inmune como el endocrino, se ven profundamente afectados por los estados emocionales y que, a su vez, estos sistemas pueden cambiar el estado emocional.

Tenemos muy claro que, si las emociones vividas nos preocupan, nos pueden quitan el sueño, sin embargo, con frecuencia olvidamos que durante el sueño, el sistema inmunitario nos defiende frente a las bacterias, virus y otros agentes patógenos. Es importante recordar que él, es el encargado de patrullar, de estar especialmente activo de noche, para destruir aquellos agentes nocivos que se han ido acumulando en nuestro cuerpo y que son los responsables de que nuestros niveles de energía, vitalidad y claridad mental se resientan.

Artritis Reumatoide causada por un trauma.

Como ejemplo de esta vinculación entre el sistema autoinmune y las emociones, quiero relatar una experiencia que viví hace tiempo en el Centro de Terapias Naturales que dirijo y donde además tengo la consulta e imparto los Cursos de Reflexología Podal Integral con el Método Ranvvai IPB.

Periódicamente en Ranvvai, realizamos Jornadas de Puertas Abiertas en las que ofrecemos un tratamiento reflexológico por un precio simbólico a las personas que quieran acercarse a conocernos y a experimentar la Reflexología Podal. En estas jornadas se da la oportunidad a los alumnos de la Escuela de participar realizando prácticas con la finalidad de que puedan vivir una experiencia terapéutica en primera persona, con mi apoyo y supervisión, pudiendo aplicar lo que han aprendido en los cursos con un paciente. Mi papel en estas ocasiones es doble ya que además de supervisar las sesiones y asistir a mis alumnos en los tratamientos desde mi experiencia, realizo unas pequeñas historias clínicas sobre los pacientes que van a tratar para guiarles en el trabajo.

Una antigua alumna que tenía ya una cierta experiencia, estaba tratando a una mujer de unos treinta años, y me acerqué a ellas para realizar el historial e indagar acerca del problema que tenía la “paciente”. Después de tomar algunas notas biográficas sobre ella, sus antecedentes familiares, etc., le pregunté por el motivo de su consulta, a lo que contestó que tenía un problema de artritis reumatoide desde los 16 años.

La persona que le estaba haciendo el tratamiento, es muy discreta y bajó los ojos para dejarnos en la intimidad de la historia clínica. Apoyándome en la psicoanalogía de su enfermedad, me dejé llevar por mi intuición y le pregunté si recordaba algún momento de su vida, antes de los 16 años, en el que se hubiera tenido que defender, o en el que no se hubiera sabido defender de algo muy importante. La chica, de pronto, se echó a llorar de forma incontrolada y confesó que había sufrido una violación a los 8 años, y que durante mucho tiempo sólo lo supo su madre. Comentó que en la actualidad, además de su madre, sólo lo sabía su marido, y que no comprendía cómo me lo podía estar contando, que le extrañaba poder hacerlo y que no entendía lo que le ocurría. Aunque sorprendida por la
reacción, yo, estaba muy satisfecha con el resultado de la pregunta porque podría haberse quedado en el aire sin respuesta ni reacción y, por lo tanto, sin tocarla emocionalmente. Sin embargo, por fortuna hizo diana en la raíz del problema y esta persona, espontáneamente, abrió su corazón hasta un punto insospechado para ella. Me contó detalles de la violación y de otras cosas íntimas, como nunca había hecho anteriormente con nadie aparte de su madre y de su marido; cosas que ni siquiera su propio padre sabía porque le hizo prometer a su madre que no se lo diría.

Cuando mencionó a su marido, me extrañó, porque, teniendo en cuenta que el problema se relacionaba con la sexualidad, hubiera sido lógico que no estuviera casada. Lo entendí claramente cuando señaló que su marido era un hombre tremendamente protector. Este rasgo cuadraba con su trauma y la gran necesidad de ser defendida que tenía. Al parecer la madre siempre había sido y seguía siendo muy protectora con ella también.

Para esta persona, su enfermedad no suponía un problema, desde los 16 años había aprendido a vivir con ella y no consideraba que tuviera que tratarse salvo por el hecho de que quería ser madre, y los corticoides que tomaba eran poco convenientes para un embarazo. Estaba preocupada por cómo podía afectar al feto la medicación o por la posibilidad de que heredara la enfermedad.

Como he señalado en repetidas ocasiones en otros artículos, cuando la enfermedad aparece en el cuerpo físico, anteriormente ya se había manifestado en otros niveles más sutiles en los que el enfermo no la reconoció. Una manifestación física siempre está vinculada a un trauma, disgusto, miedo, o emoción más o menos grande y más o menos consciente. Desde esta perspectiva, le comenté que la artritis reumatoide más que por la genética, se había desencadenado por un shock traumático. Obviamente, su dramática experiencia de la infancia, le había hecho ser miedosa y buscar defensa en seres muy cercanos en los que podía confiar, pero al no enfrentarse con su drama, no desarrolló la capacidad de defenderse de forma equilibrada. Como efecto rebote, su inconsciente creó una defensa desproporcionada, al igual que lo hacía su sistema autoinmune: atacando a las células sanas como si fueran enemigos.

La “paciente”, me contó también que tuvo su primera regla cerca a los dieciséis años, más o menos a la edad en que aparecen los primeros brotes de artritis. Dijo también que sus relaciones sexuales no eran maravillosas, que no se podía quedar embarazada y que estaba pensando en hacer un tratamiento de fertilidad. La traducción, desde mi punto de vista, fue que todo lo que tenía que ver con la mujer y la sexualidad lo relacionaba, inconscientemente, con dificultades que escapaban a su control y dejaba que los expertos se ocuparan de estos asuntos. Situaba tanto los problemas como las soluciones en el exterior, sin darse cuenta, de que los mecanismos de equilibrio de su sistema inmune y endocrino, seguían siendo algo interno que ella podría regular desbloqueando los miedos y las emocionales reprimidas y no expresadas, basadas en un trauma psicológico sin resolver.

Resultado: Se había buscado un hombre protector, que la defendiera, la comprendiera y decidiera por ella y, ahora, estaba pensando en quedarse embarazada con métodos externos aplicados por expertos. Mostraba una inmadurez emocional considerable y he de decir, que esta mujer tenía además un aspecto bastante aniñado y una forma de expresarse bastante insegura.

Para una mayor comprensión, diré que la inseguridad y los miedos, tienen que ver con los meridianos riñón-vejiga, que son los que afectan al aparato urogenital y las funciones reproductora y sexual, lo cual está vinculado también con el miedo a vivir experiencias y, por tanto, a ser madre.

Como yo no estaba realizando el tratamiento reflexológico, le iba indicando a mi alumna que zonas reflejas de los pies le tenía que trabajar en profundidad.

Aprender a escucharse y aprender a respetarse

La represión o el bloqueo de las emociones y de los sentimientos, son causa de muchas enfermedades y con los conocimientos adecuados, no era difícil trabajar para ayudarla después de lo que había contado. He desarrollado una intuición que me lleva a vincular psicoanalógicamente una acción con un sistema, en este caso, la defensa se relaciona con el sistema autoinmune. Es llamativo cómo a través del lenguaje se puede dar de lleno en lo que es el desencadenante de la enfermedad.

Ante mi propuesta de recibir más ayuda y acudir periódicamente a terapia, me explicó que tendría que hablarlo con su marido porque él no creía en este tipo de tratamientos y posiblemente le iba a resultar difícil acudir porque dependía mucho de que él quisiera. ¿Qué ocurría? Que había un acuerdo tácito entre ellos, ella se dejaba proteger mucho, y él por su parte, tomaba decisiones que ella aceptaba sin implicarse. Para ella, implicarse y defenderse, seguía siendo algo muy difícil de lograr. En ese corto espacio de tiempo que pasé hablando con ella, intenté que se diera cuenta de la importancia de responsabilizarse de su madurez y de su salud profundizando y elaborando su trauma del pasado. Le hice notar el aspecto tan infantil que tenía y cómo delegaba las decisiones importantes en los demás y lo que eso suponía para su maduración emocional. Intenté que se diera cuenta de la dependencia tan grande que tenía y de que si ella se trataba con el Método Ranvvai de Reflexología Podal Integral, fácilmente podría superar su enfermedad crónica y tendría muchas probabilidades de quedarse embarazada, después de un tiempo de compromiso con su trabajo personal consciente.

Después de esta ocasión no volvió a venir, pero creo firmemente, por cómo le impactó, que esa sesión fue muy reveladora y terapéutica para ella. Estoy convencida de que hubo un antes y un después. Esa capacidad para profundizar tanto en el problema sin desbordarse, fue posible gracias a que a la vez, se le estaba realizando Reflexoterapia Podal, ya que esta terapia, produce una gran relajación física y ayuda a desbloquear nudos emocionales profundos, con contención.

¿Qué conclusión podemos sacar de un caso así?

Mi intención es señalar cómo un trauma puede generar un desarreglo en el sistema inmunológico que desemboca en una enfermedad propia de este sistema. Una enfermedad a la que la medicina alopática considera “incurable”, es decir, que quien la padece debe de asumir que estará enfermo toda la vida.

Como digo habitualmente, si el cuerpo enferma, igual que ha tenido esa capacidad, tiene la contraria, es decir, de sanarse. Los recursos están dentro de nosotros, incluso habiendo pasado por una experiencia tan brutal como la de esta persona, uno puede decidir cómo le afecta y, en su caso, decidir curarse de una enfermedad que le impide vivir plenamente.

Los Tratamientos Naturistas actúan en el interior, removiendo las capas más profundas de los problemas, llevando al enfermo a responsabilizarse de su proceso de enfermedad y a darse cuenta de lo que le disgusta, altera, paraliza, etc. Le conducen a recuperar las riendas de su Vida y de su Salud. A hacerse consciente de dónde están sus debilidades mentales, emocionales, energéticas y espirituales. A considerar sus puntos vulnerables y sus tendencias negativas. A reforzar su potencial y a desarrollar sus habilidades, tanto creativas, afectivas, como emocionales. A reconocer sus fortalezas y en definitiva, a poner en marcha su capacidad de Autoaceptación, Autoprotección y Autosanación.

Si tienes problemas de salud, aunque sean menores, mi propuesta es que te pares a revisar los motivos profundos que te llevaron hasta ellos. Cuanto mayores y más importantes sean los problemas de salud, mayores y más profundos serán los motivos para pararte a analizarlos y ver, qué pasa en tu vida desde hace tiempo. Es posible que haciéndolo, no para recrearte en el dolor y sufrir por ello, sino para aprender a dejar de depender de ellos logres recuperar la salud y el bienestar. Esta consciencia te debe servir para hacer cambios internos, que te conduzcan a dejar de esperar que los otros cambien o que hagan que tu vida mejore.

Se trata de realizar un cambio de enfoque, y así entender que nuestro organismo tiene una increíble capacidad para Sanarse. Se trata de ver que si le proporcionamos algunas buenas herramientas que le ayuden a reequilibrar su potencial, es capaz de repararse y revitalizarse, del mismo modo que fue capaz de enfermar por desórdenes, malos hábitos o modos de vida inadecuados para la salud.

“Cuando te dedicas a desarrollar tu potencial y a confiar en tu capacidad de percibir y percibirte, tus sentidos se agudizan, tu mente se hace clarividente, tus emociones se aquietan y tu Alma conecta con la Paz interior y la Sanación”.

Artículo publicado en la revista Universo Holístico. Nº 48, pág. 10. Abril 2012.

Isabel Pérez Broncano.

Reflexóloga – Autora del libro Reflexología Integral.

Directora de Ranvvai Escuela de Reflexologías y Centro de Terapias Naturales.

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